El comienzo del siglo XXI está siendo sin duda la confirmación de un mundo cada vez más globalizado, pero no en el sentido político, sino en la forma en que cada vez más estamos comunicados e interconectados unos con otros.

Sin duda nuestros hábitos han cambiado mucho en las ultimas dos décadas, cada vez pasamos más tiempo de nuestra vida en este otro mundo que hemos creado, un mundo virtual donde, en muchos sentidos, todo resulta mucho más accesible y sencillo. Internet se está convirtiendo poco a poco en nuestra realidad, y la vida real en algo que ves a través de una pantalla.

La influencia de las redes sociales

Gran parte de esta “culpa” la tienen las redes sociales. Estas han cambiado radicalmente la manera en la que interactuamos con otras personas. Lo que al principio surgió como una herramienta que nos permitía estar comunicados con conocidos que se encontraban lejos, empezó permitirnos hacer más cosas. Nos permitía compartir lo que estábamos haciendo, esa foto que habíamos tomado en nuestras vacaciones, ese vídeo que te había gustado… Estas redes cada vez fueron atrayendo a más usuarios, ofreciendo más funciones, permitiendo compartir cada vez más.

Poco a poco, las redes sociales, se fueron convirtiendo en algo distinto, los nombres de tus listas de contactos ya no eran conocidos o familiares, sino gente que no conoces de nada, gente que te “seguía” o “era tu amiga”, usuarios desconocidos a los que impresionar con tus contenidos, ansiando ese reconocimiento, que compartiesen con sus propios seguidores tus comentarios… Y esto, en muchos sentidos, se ha convertido en un problema real en muchas personas. Ha creado adicción por los “me gusta”, el “mono” si no consultas tu “timeline”, frustración si no se comparte la imagen que has subido. ..

Cuando las redes sociales se apoderan de tu rutina

Voy a poner un ejemplo. Nunca me he considerado esclavo de las redes sociales, ni mucho menos. Al principio con la novedad me uní a varias, pero rara vez les daba uso. Sin embargo, Facebook la usaba a menudo. Era una manera de estar en contacto con mi gente, ya que en esos momentos yo estaba en el extranjero. Tras varios años allí, volví a España y el uso que le daba a Facebook fue en descenso. Ya no compartía fotos, era más consciente de los ajustes de privacidad, fui eliminando antiguos contactos con los que perdí comunicación… Hasta que un feliz día decidí dar de baja la cuenta. ¿Por qué? Sobre todo porque dejé de encontrarle utilidad. Me encontraba a mi mismo navegando por Facebook a diario, en una especie de rutina, un pasatiempos que no me aportaba prácticamente nada.

A pesar de esto, los primeros días tras cerrar la cuenta tenía el “mono” de entrar a ver que hacían mis contactos, y esta sensación estuvo una temporada ahí. Hoy no lo echo en falta para nada y considero que hay otras redes que se ajustan más a las necesidades de mi vida actual.

Comento esto como un ejemplo de cómo las redes sociales han pasado a formar parte de nuestra vida, y mucha gente posiblemente no entienda un día a día sin visitar (varias veces) sus (varías) redes sociales.

Esto se puede aplicar también a servicios de mensajería instantánea. ¿Quién no ha tenido alguna discusión por “he visto que me has leído y no me has contestado”? Las redes sociales son herramientas muy útiles usadas adecuadamente, tanto a nivel personal como a nivel profesional. Pero los problemas comienzan cuando estas se empiezan a adueñar de nuestras vidas, a crearnos una dependencia, que como cualquier otra adicción, puede influir negativamente en nuestra vida cotidiana.

Con todo esto no quiero decir que las redes sociales son perjudiciales, pero si que pueden llegar a ser peligrosas si se les da un mal uso. Considero que hay que educar al usuario de Internet en general, advertirle de peligros y aconsejarle sobre usos. En Internet, y gracias a las redes sociales entre otras herramientas, se pueden lograr cosas maravillosas y asombrosas. Todo es cuestión de usarlas adecuadamente.

¿Vosotros que creéis? ¿Os veis reflejados de alguna manera? ¿O por el contrario esto os parece exagerado?