Las lunas galileanas de Júpiter

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En 1610 los cuatro satélites más grandes de Júpiter fueron descubiertos, hubo un intenso debate sobre si su descubridor fue Galileo o si bien fue Simon Marius.

Según parece Galileo las observó el 7 de enero de 1610 y publicó sus observaciones de forma bastante rápida, en cambio Simon Marius afirmaba haberlas descubierto en Noviembre de 1609 y que en Enero de 1610 también empezó a registrar su hallazgo. Pero al haberlo publicado antes Galileo, y no poder corroborar a ciencia cierta la versión de Marius, se considera su descubridor a Galileo, de ahí el nombre de lunas galileanas.

Galileo las nominó como Júpiter I, II, III y IV (unos nombres muy poco originales la verdad), pero fue Marius en 1614, por sugerencia de Johannes Kepler, el que les dio sus nombres actuales. Si bien los nombres dados por Galileo fueron utilizados durante bastante tiempo, al final se impusieron los que hoy conocemos: Ío, Ganímedes, Calisto y Europa.

Júpiter tiene 67 satélites, pero Ío, Ganímedes, Calisto y Europa son con mucha diferencia los más grandes, los más importantes y los que más sorpresas esconden.

En un post anterior comentábamos la posibilidad de que Encélado albergara vida. Pues aquí descubriremos, entre otras cosas interesantes, que también existen otros candidatos con altas opciones de contenerla orbitando Júpiter.

 

Ío

Ío, lunas galileanas
Ío

Comencemos hablando sobre Ío, tiene un diámetro de 3643 kilómetros, 1’53 veces más grande que el diámetro de Plutón (compararemos a lo largo del post el diámetro de estas lunas con el planeta enano más grande conocido: Plutón, para hacernos una idea de su tamaño en relación a estos planetas). Orbita a unos 420.000 kilómetros de Júpiter de media, su principal característica es el elevadísimo número de volcanes en activo que posee, unos 400, que modelan su superficie de manera constante.

Esta brutal actividad se debe a su intensa relación gravitacional tanto con Júpiter como con Europa y Ganímedes. Ningún otro satélite ni planeta es tan activo geológicamente como Ío.

 

Ganímedes

Ganímedes, lunas galileanas
Ganímedes

Pasemos ahora a Ganímedes, con sus 5262 kilómetros de diámetro (2’22 veces el de Plutón), es el noveno objeto más grande del Sistema Solar, más grande que el planeta Mercurio.

Está compuesto de hielo y silicatos, y su atmósfera contiene trazas de oxígeno. Según una investigación de la NASA, publicada en el Journal of Geophysical Research: Space Physics, y gracias a la observación de sus auroras boreales (ya que Ganímedes tiene su propio campo magnético), los expertos han llegado a la conclusión de que su interior alberga una ingente masa de agua salada.

Lo que contenga esta agua sólo el tiempo nos lo dirá, mientras tanto nos seguiremos preguntando: ¿habrá vida allí?

 

Calisto

Calisto, lunas galileanas
Calisto

Viajemos ahora a Calisto, tiene un diámetro de 4820 kilómetros (2’03 veces el de Plutón), se encuentra fuera del cinturón de radiación de Júpiter, y la mayor lejanía de su órbita hace que su interior sea menos afectado por las energías de marea, lo que no ha impedido que la sonda Galileo revelara la posible existencia de un océanos de agua líquida bajo su superficie.

Posee multitud de cráteres, uno de ellos (Valhalla) tiene unos 3800 kilómetros de diámetro, siendo el mayor del Sistema Solar.

 

Europa

Europa, lunas galileanas
Europa

Y por último centrémonos en Europa, que es la más pequeña de las lunas galileanas, con 3121 kilómetros de diámetro (1’31 veces el de Plutón), pero la más destacada de ellas, por su superficie helada y, aún más importante, por lo que parece que alberga su interior, ya que es muy probable que contenga un océano global de agua salada, gracias al calor de las energías de marea que la relación gravitacional con Júpiter provoca. Nos recuerda a lo que sucede en Encélado.

Para intentar despejar estas y muchas más incógnitas, la NASA lanzará una misión a Europa (anteriormente se llamaba Clipper, ahora no tiene nombre por el momento), la cual orbitará Júpiter pero pasará periódicamente por Europa (lo hará así por problemas con la radiación), estudiando su superficie y seguramente hasta su interior, pudiendo llegar a conclusiones concluyentes y dándonos más de una alegría.

Creo que el paso previo a encontrar vida fuera del Sistema Solar es encontrarla dentro de él, sirviendo así de acicate para la consecución de futuros logros en este campo.

 

Otras misiones jovianas

En 2016 la sonda Juno llegará a Júpiter para abrirnos sus puertas y conocer mucho más de este gigante gaseoso, que sin duda pide a gritos ser más profundamente explorado. Realizará múltiples misiones científicas y conseguirá las primeras imágenes de los polos del planeta. Gracias a esta misión conoceremos más los secretos que esconde el rey de los planetas del Sistema Solar.

Y no podemos olvidar la misión JUICE (Jupiter Ice Moon Explorer) que intentará averiguar si las lunas galileanas albergan vida, y qué otras características desconocidas poseen sus superficies e interiores

Desde que Galileo las descubriera en 1610 hasta ahora hemos conocido mucho más de estas lunas y del propio Júpiter, pero afortunadamente hemos ido más allá.

Así pues vemos que el ser humano continúa con la exploración y la búsqueda incansable de vida en el Sistema Solar. La cual sería más profusa si se destinaran más medios y más presupuesto a futuras misiones. Pero tengo el convencimiento de que llegará el día en el que encontraremos vida fuera de nuestro planeta azul, y ese día será maravilloso.

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